Campañas de integración y solidaridad

Evidentemente, desde el punto de vista legal no es lo mismo acudir a España en calidad de inmigrante o hacerlo a través de una adopción temporal. La campaña “Vacances en pau” permite que las familias que lo soliciten puedan acoger en sus casas a niños y niñas procedentes del Sahara durante los meses de julio y agosto. Esta iniciativa no sólo sirve para fomentar la solidaridad, sino también para que los niños tengan las vitaminas necesarias y se sometan a las revisiones médicas de las que carecen durante el resto del año. Además, les permite escapar de las temperaturas infernales del Sahara, que pueden alcanzar los cincuenta grados.

Manolo Morató preside la asociación AMEL de l’Alcúdia, una de las organizaciones que promueven este proyecto.

Manolo Morató, coordinador del proyecto.

Manolo Morató, coordinador del proyecto. / MARILÓ ÁLVAREZ

Respuesta: Pues muy bien, la campaña ya está prácticamente preparada. No es muy numerosa este año pero ya está en marcha.

P.: ¿Este año se está notando crisis en el proyecto solidario?

R.: Sí, y además bastante. No es que la gente no quiera acoger niños. Es que la economía falla, fallan también los organismos que subvencionan a las asociaciones y también la recogida de dinero, así como el presupuesto familiar. Entonces los números bajan. En los últimos años venían alrededor de 500 niños, y éste, a penas superan los 300.

La mayoría son repetidores, es decir, han venido ya otros años y la familia hace un esfuerzo porque vengan otra vez. Pero bueno, se van a quedar muchos niños en los campamentos este año.

P.: ¿Desde cuándo lleva a cabo AMEL esta iniciativa?

R.: Nosotros empezamos hace unos diez o doce años. Desde entonces empezó a venir mucha gente y poco a poco fue disminuyendo la cosa. Pero bueno, ya llevamos doce años y no se trata sólo de la campaña de “Vacances en pau”, sino que la asociación y la gente que ayuda al pueblo saharaui hace más cosas. Estamos también en la campaña de recogida de alimentos, la campaña del arroz, como suele llamarse. Recogemos kilos de arroz en los colegios y en los comercios y enviamos los camiones al Sahara.

También hay un apoyo a todas las actividades como el referéndum del Sahara y demás actividades políticas que, de alguna manera pretenden resaltar que el problema continúa sin resolverse, que hay mucha gente sufriendo y que se han de tomar medidas. Por eso, hacemos más actividades. Por ejemplo, todos los años vamos a hacer una manifestación a Madrid y cuando hay problemas en el Sahara también hacemos concentraciones frente a la embajada Marroquí para denunciar las torturas y represión que sufre el pueblo saharaui en un territorio que, realmente, es suyo.

P.: Supongo que la campaña, en cierta medida, sirve también para concienciar a la gente de que el problema está ahí. Es evidente que con nuestro pequeño granito de arena no podemos solucionarlo, pero sí al menos destacarlo para que se vea que sigue ahí.

R.: Sí, porque el problema lleva ahí ya 36 o 37 años y no se resuelve y seguimos igual. Hubo algún momento que parecía que la cosa iba adelante pero parece que no somos suficientes, que hay pocos saharauis allí, que hay problemas más graves y todo el mundo se quita las pulgas de encima a la hora de buscar soluciones como toca. La ONU está ahí pero todas las directivas y leyes que se han hecho desde ella no se cumplen… y ahí estamos. Nosotros querríamos que se acabara este problema, que pudiéramos ayudar a las familias no como estamos haciendo ahora que es cuestión de subsistencia, de vida o muerte, sino que ya en su territorio pudieran tener una vida digna utilizando sus recursos. Pero de momento, eso no es posible y, cada año, por mucho que haces, no sigue adelante la cosa.

P.: Para la campaña de este año ya no podrá apuntarse nadie.

R.: Yo querría destacar que la campaña está prácticamente cerrada, que tenemos pocos niños, que estamos desbordados en cuanto a los pocos niños que pueden venir por razones económicas. Nosotros hemos hecho un esfuerzo, igual que el Ayuntamiento de l’Alcúdia que nos ayuda bastante y, por eso, traeremos este año sólo dos niños. Uno que viene repetidor y otro nuevo. Si alguna persona quisiera apuntarse ahora, sería si hubiera fallado alguna persona y no pudieran acogerlo. Sino, lo que tendrían que hacer sería esperarse a febrero o marzo del año que viene, cuando empiece a prepararse la próxima campaña y sea el momento de hacer números y poder saber cuántos niños pueden venir.

P.: Es decir, que estamos casi en la recta final del proceso. Sería interesante saber si este proceso ha tenido doble dirección, es decir, si vosotros también habéis acudido al Sahara para constatar la realidad con vuestros propios ojos.

R.: Sí, hay miembros de la asociación que han viajado al Sahara y han visto cómo se vive allí. Allí la alimentación es a base de legumbres y arroz, pastas –si pueden tener, pocas, pero también- y, claro, la verdura, la carne fresca, el pescado y demás, no se come. Es una de las cosas más importantes por las que los niños vienen aquí. Necesitan vitaminas y proteínas, pero aquí también juegan, por ejemplo con las bicicletas que les gustan mucho,  disfrutar de experiencias nuevas como ver el mar… todo eso es fundamental. Y allí todo eso no está. Sí es verdad que cuando vas allí está todo organizado.

Los campamentos están organizados en gulayas, como si fueran provincias, y cada una tiene cuatro o cinco pueblos, pero no están todos juntos pegados. Les han puesto los nombres de los pueblos y provincias que había antes en el Sahara. Allí hay un comité formado por las mujeres, fundamentalmente, porque claro, aunque se ocupara el territorio, un veinte o treinta por ciento de él que defendieron las saharauis frente a la ocupación. Y eso supone que casi todos los hombres son militares. Entonces, son ellos los que están atendiendo a la frontera que se creó, el muro que ha hecho Marruecos. Pues al otro lado, están los militares saharauis y los campamentos están en manos de las mujeres. Allí hay como ayuntamientos y regidorías y son ellas las que lo montan todo, se organizan y reparten toda la comida y ayuda que llega y toda la comida de la que se dispone en el propio territorio.

Están muy bien organizados en ese sentido. Lo que pasa es que estar 38 años allí sin la esperanza de volver a sus ciudades… hay que tener la moral muy alta para estar aguantando allí.

El alcalde de l'Alcúdia recibe a los niños.

El alcalde de l'Alcúdia recibe a los niños. / MARILÓ ÁLVAREZ

También hemos comprobado que tienen sus escuelas, todo el mundo está escolarizado. Tienen infantil de cero a seis años, después tiene primaria, también secundaria en algunos colegios que sirven de núcleos urbanos porque están separados y sirven para no estar adscrito a una gulaya determinada. Pero la secundaria más elevada la hacen en Libia o Argelia y después pues, los que lo solicitan, valen y pueden, se van a hacer los estudios universitarios, fundamentalmente a Cuba o a Argelia. Algunos vienen a España pero para hacer postgrados y demás.

Pero claro, es muy difícil vivir allí. Es todo: el calor… Es muy complicado. Se han hecho inversiones para que, por ejemplo, las personas mayores puedan comer huevos, se han montado algunas granjas. Pero claro, la granja debe tener aire acondicionado y si algún día se va la luz o no hay gasolina para el grupo autógeno, el problema es que se mueren las gallinas.

Otro problema es el agua. En algunas gulayas hay pozos, pero claro, en otras los pozos están lejos y cada semana o cada cierto tiempo va el camión cisterna a rellenar. Además, es difícil tener una fosa séptica para detritus porque, si se hace, se contaminan las aguas de las zonas donde hay pozos. Es muy complicado, pero bueno, ahí están viviendo y están aguantando. Y ahí estamos.

P.: De todas formas, supongo que lo más duro de estas campañas, como la de “Vacances en pau” será el momento en que los niños vuelvan a su casa después de pasar todo el verano con vosotros.

R.. Sí, porque desarrollas una relación con los niños y se van… Pero se van queriendo irse porque su tierra es aquella, porque su familia está allá. Algunos querrían quedarse pero, en general, todos quieren volver para estar con su familia.

Sólo me queda añadir que todos los veranos hacemos un acto, a mediados de julio, que este año se hará en Foios. Es como un encuentro de todos los niños con las familias de acogida. Vamos a un pueblo, que cambia cada año, y pasamos un día reivindicativo y de fiesta, con actividades para los niños –que de alguna manera tienen “hermanos españoles” en la familia de acogida- y también para hacernos eco en la prensa. Además, es muy educativo ver lo que uno tiene aquí y valorarlo como se lo valor allá. Comprobar y comparar lo que tienen los niños allí y lo que tienen aquí.

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