Planes de Integración

Una vez en el país de acogida, Munir y el resto de Menores Extranjeros No Acompañados se ven obligados a pasar por una serie de fases hasta que normalizan su vida. Entre estas fases,  cabe destacar la ardua tarea de adaptación a una nueva cultura con hábitos y costumbres, con formas de vivir y ver la vida que, a menudo, no tienen nada que ver con la de los países de origen. En el peor de los casos, además, deben enfrentarse a entornos hostiles que suelen manifestar brotes de racismo o xenofobia.

Este proceso de adaptación, antes de iniciar sus nuevas vidas, constituye un añadido más de desconcierto para los chavales que han dejado atrás guerra, miseria o falta de oportunidades. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, las principales causas de inmigración para menores entre 16 y 19 años tienen mucho que ver con la reagrupación familiar o el denominado “efecto llamada” ante la calidad de vida que promete Occidente.

CELIA VERDEJO

Por su parte, los países de acogida se encuentran con la llegada masiva de menores inmigrantes, a los que tienen la obligación de ayudar con mayor o menor efectividad en pro de las políticas sociales que propugna el Estado del Bienestar. Un tipo de política que cada territorio ha desarrollado en función de sus intereses o las presiones de grupos activistas en el ámbito social, siempre dentro de los márgenes legales nacionales o europeos, en nuestro caso.

Por otro lado, cabe señalar la lucha constante de ONGs y demás entidades solidarias -públicas y privadas- que tienen que pelear día a día con las instituciones para que estos chicos tengan cubiertas sus necesidades básicas, entre ellas la de integrarse en una familia de acogida (si no está la propia) o la de encontrar un empleo digno que les permita rehacer su vida una vez cumplan la mayoría de edad. Un tema que, en el caso de los Menores Extranjeros No Acompañados, todavía sigue pendiente de ser resuelto legalmente, como nos explica Mimi Boughaleb, asesor jurídico de CeiMigra, quien constata que la cooperación entre colectivos es esencial para conseguir los objetivos propuestos.

Aunque, obviamente, y al tratarse de menores, no siempre el objetivo es ayudarles a conseguir un empleo (ya que su condición les impide trabajar), con lo que el primer paso pasa a ser la formación. La base es la ampliación de sus conocimientos, que suelen ser deficitarios, y la adaptación a la nueva cultura (es importante que aprendan la lengua del país de acogida). Por tanto, puede decirse que la escuela se convierte en la primera toma de contacto con la nueva situación. Es decir, se convierte en el primer paso hacia la integración.

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