La mirada de un historiador

Ferran Archilés, profesor de Historia Contemporánea de la Universitat de València, se muestra convencido de que la legislación comunitaria constituye un marco “tardío, incompleto e ineficiente”, debido a que el poder de control de los flujos de inmigrantes quedan todavía en manos de los Estados miembros de la Unión y porque la “escasa regulación existente” se dirige a una “serie de cuestiones específicas” que afectan, sobre todo, al “control de fronteras y, por tanto, de acceso”. El experto en historia lamenta que la Unión Europea adolece de falta de un “marco integral de interpretación del fenómeno de la inmigración” pues únicamente “da las directrices que después los Estados-nación deben implementar”.

Por estos motivos, Archilés señala que la Directiva de Retornos, aprobada en diciembre de 2008 por el Consejo de la Unión Europea en su formación de Jefes de Estado y de Gobierno, es “regresiva” puesto que considera que “no está a la altura del reconocimiento de los derechos” que las instituciones europeas “otorgan a sus ciudadanos”. Este marco legal atenta especialmente a la infancia pues limita el derecho a la reagrupación familiar. En última instancia, la normativa europea va dirigida únicamente a un fin específico, “solamente por un tiempo determinado y para un fin determinado, la fuerza de trabajo”.

En cuanto a la percepción por parte de la sociedad española de la inmigración, Archilés afirma que se da una situación de ambivalencia. Por una parte, sostiene que no se han producido situaciones excesivamente violentas de forma generalizada – aunque sí que ha habido ciertos puntos de tensión- entre la sociedad de acogida y la inmigración; sin embargo, por otra parte, impera una percepción en España de que la inmigración es excesiva. En este sentido, el hecho de que España fuese un país de emigrantes hasta la década de los ochenta no se establece “ninguna relación” con la inmigración actual por diversos factores, si bien el profesor universitario destaca que se dan unos “elementos de xenofobia activa”.

Esta concepción de la inmigración “no es sostenible” a largo plazo. “Mientras Europa no dé un paso adelante para construirse en unos términos más sociales y una ciudadanía más ampliamente comprendida; mientras Europa continúe en manos de principios que estrictamente afectan al capital” el problema serio de la inmigración no tendrá cabida en el sueño europeo de una Europa unida, social y en defensa de los Derecho Humanos, tal y como proclaman sus principios constitutivos.

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