Después de los 18 años

Cumplir 18 años suele ser motivo de alegría entre los adolescentes. La mayoría de edad es sinónimo de independencia, libertad y nuevas experiencias. Pero cumplir 18 años supone para la mayoría de los menores extranjeros no acompañados quedarse en una situación de desamparo y, a menudo, de irregularidad administrativa. “En algunas Comunidades Autónomas, el regalo de cumpleaños para estos chicos es echarlos a la calle, sin más”, explica el presidente de la Asociación Valenciana de Ayuda al Refugiado (AVAR).

A pesar de que es difícil calcular la cifra exacta, una noticia publicada recientemente por El País denunciaba que cerca del 90 por ciento de los menores extranjeros carecía de un permiso de residencia. En teoría, tras nueve meses de tutela administrativa, los menores deberían recibir un permiso de residencia temporal, lo que no sólo les proporciona seguridad sino que les permite acceder a un empleo. Sin embargo, a muchos menores no se les llega a tramitar nunca la documentación porque quien ejerce su tutela, la Administración autonómica, y por tanto es responsable de regularizar su situación es la misma institución que quiere quitarse de encima el “problema” cuanto antes.

Pero ni siquiera en el caso de que se cumpla ley y los menores obtengan un permiso de residencia, pueden respirar aliviados, puesto que se trata de un permiso temporal que caduca a los 12 meses si antes el inmigrante no ha conseguido un contrato de trabajo por un año. Algo muy poco probable en los tiempos que corren.

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